República-Monarquía

por personesisocietsonesisocietatvalenciana

Jorge Ruiz, colaborador de Fórum Persones i Societa Valenciana

Jorge Ruiz, politólogo y abogado. Colaborador de Fòrum Persones i Societat Valenciana @ForumVal

 

Nunca fui ningún entusiasta de dogmas preestablecidos y con el paso de los años, creo que mis creencias ahondaron en mucho en la extensa gama de matices que existe entre el negro y el gris. El debate recuperado a tenor de los últimos acontecimientos sobre la preferencia entre una monarquía o una república, me devuelve a los postulados de la teoría sistémica de Easton, donde no existen modelos ni mejores ni peores, sino solo aquellos que mejor se adaptan al sistema y generan unos rendimientos capaces de dotarnos sociedades gobernables y prósperas.

En un mundo ideal y aséptico, y pese al simbolismo de la figura, yo me declararía republicano. Si me dieran a elegir, prefiero que el jefe del Estado esté basado en la elección popular antes que en la suerte hereditaria. Sin embargo, la España actual dista mucho de asemejarse al paraíso terrenal, por lo que más allá de manifestaciones ruidosas y/o nostálgicas, para empezar la cuestión, el cambio de una monarquía a una república conlleva la reforma constitucional por la vía del art. 168 (la opción cuasimposible), o lo que es los mismo, aprobar por mayoría de 2/3 (lo que incluye el beneplácito del PP) en ambas cámaras, disolución anticipada de las cortes, aprobación por los parlamentos resultantes y sometimiento a referéndum. Al personal le gustará más o menos, pero fue la opción que eligieron aquellos que diseñaron el entramado constitucional que tenemos. Apostar por la llegada de una república en el corto plazo dados los condicionantes legales, suena pues a majadería.

Ahora viene la pregunta de si resulta caro o barato el mantenimiento de la Corona en España. Los salarios de la familia real suponen un gasto de 700.000 euros anuales, según los números asignados por los Presupuestos Generales para 2014 y que la Casa Real hace públicos, lo cual sobre el montante total de los gastos que realiza el Estado en un año, suena a bastante menos que simple calderilla. Entre subvenciones, propaganda institucional e infraestructura electoral, la elección de un jefe del estado por votación popular directa, acarrearía un gasto que superaría con creces el dinero destinado al pago de la nómina de los Borbón.
Por otro lado, este debate es similar a la controversia sobre los galgos y los podencos, porque en última instancia, abrir el melón de las incertidumbres y de las demandas de cada hijo de vecino para cambiar el procedimiento de la elección del encargado de felicitarnos las fiestas navideñas cada 24 de diciembre, es cuanto menos pintoresco. Porque seamos serios, el Jefe del Estado, en España está para poco más que firmar leyes y decretos, acudir a funerales de Estado e inauguración de terminales de aeropuerto. Es cierto que la más importante de todas ellas, es la representación a nivel exterior del Estado y precisamente por ello, en el mundo de la diplomacia internacional el establecimiento de relaciones de amistad duradera entre iguales es muy importante, por no hablar de acudir a una cumbre internacional sin necesidad de hablar con traductores de por medio. No podemos olvidar, que frente a lo obsoleta que pudiéramos suponer que es la institución y carecer de suficiente pedigrí de modernidad, el número de monarquías vigentes a lo largo y ancho del planeta es más numeroso de lo que se pudiera suponer. En este aspecto, el caso del Reino Unido es un claro ejemplo de éxito.

Por último, siempre podemos virar hacia formas de gobierno que sustituyan nuestra monarquía parlamentaria por sistemas más o menos presidencialistas, no exentos de sus pros y sus contras. Si nos fijamos en el caso de EE.UU, como paradigma de sistema presidencialista, las tensiones entre el presidente y el Congreso son constantes, dejando paralizado el funcionamiento de la acción de gobierno.

El debate de monarquía o república es interesante desde cualquier perspectiva que se precie, pero con los acuciantes problemas que se observan hoy en día, la modificación de un sistema por otro en poco ayudaría a la resolución de los mismos (de índole económico, exceso de partitiocracia, transparencia en la toma de decisiones, adelgazamiento burocrático, etc.) y probablemente, al día siguiente de alzarnos con un paisano en la jefatura del estado, las cuestiones que realmente indignan al personal seguirían erosionando, si bien nos gusta hablar mucho del sexo de los ángeles por estos lares.

 

Jorge Ruiz (Fórum Persones i Societat Valenciana)

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